El Optimista: ¿Un pesimista mal informado?

11 jun 2015

La tendencia a ver el lado negativo de las cosas y la tendencia a ver preferentemente el lado positivo son actitudes que influyen en nuestros estados de ánimo y afectan a los resultados de lo que hacemos. Es tópico y típico describir a los optimistas como pesimistas mal informados, o como ingenuos que no captan todos los aspectos de la realidad, o como ilusos que antes o después aceptarán la evidencia de que la vida es un cúmulo de problemas tan frecuentes, como de difícil solución. Pero el optimismo no equivale a obviar los aspectos negativos de la realidad. Optimista es quien percibe lo bueno de cada circunstancia y quien a partir de esa percepción es capaz de optimizar las posibilidades que cada situación plantea.

 

Una misma situación, positiva o negativa, percibida por dos personas distintas, puede adquirir una dimensión muy diferente. Aunque existen casi tantos puntos de vista como personas, en una clasificación muy sencilla y, quizás un poco reduccionista, podemos distinguir entre optimistas y pesimistas. Las personas pesimistas interpretan la realidad desde su lado más negativo, y las optimistas perciben lo mejor de cada situación, lo que no quiere decir que ignoren lo malo. El pesimista no sólo tiene el sufrimiento garantizado, sino que con su actitud difícilmente va a aportar soluciones constructivas a los problemas. En cambio, los optimistas tienden a vivir más felices y superan con más facilidad las complicacionesno porque vivan en un “mundo de yupi” o irreal, sino porque son capaces de generar soluciones alternativas ante una situación difícil sin conformarse con el lamento y el “no vale la pena hacer nada, porque nada puede hacerse”.

 

Simplificando, se trata de elegir, de decidir qué tipo de pensamientos y actitudes enfocan nuestra vida. El día a día está plagado de situaciones difíciles de sobrellevar y de superar. Esto nadie lo duda. Pero el pensamiento positivo nos ayuda a gestionarlas, porque es constructivo, proactivo y enfoca las relaciones humanas de una manera más equilibrada. Ser pesimista amarga el carácter, paraliza y enturbia nuestras relaciones.

 

Qué más quisiera yo que ser optimista, pero la vida me ha hecho ser realista". Esta afirmación oculta una renuncia al cambio, que se basa en que las personas son como son, y en que es inútil esforzarse por cambiar el carácter y la actitud de la gente. Hay que reconocer que aparte del componente genético, la personalidad se compone también de conductas aprendidas, y sobre estas, sí se puede actuar. Podemos cambiar actitudes que generan emociones negativas y nos paralizan, por otras que generen emociones positivas y nos inviten al movimiento, al cambio y a la proactividad.

 

Y es que, si la vida nos cambia, normalmente, a más serios y circunspectos, ¿por qué no podemos modificar voluntariamente nuestra manera de ver las cosas, para poder vivir más positivamente? Cambiemos el foco y empecemos a ver las dificultades como oportunidades, para hacernos más fuertes y mejorar nuestra autoestima.

 

 

 

 

Adriana Larrañaga Mendoza.

Psicóloga General Sanitaria de CALM Psicología.

@psicolarra psicolarra@gmail.com

 

 

 

 

 

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