Psicodrama: una psicología de la creatividad, el encuentro y la acción

11 oct 2016

El campo de la psicología está en movimiento. Numerosas propuestas que van de la mano con las nuevas tendencias vinculadas a la psicología positiva, el crecimiento personal, mindfulness, las terapias de aceptación y compromiso, el coaching y la investigación de las variables que influyen no solo en el desarrollo de cuadros psicopatológicos o enfermedades mentales, sino también en aspectos asociados al bienestar, la felicidad y los estados de rendimiento óptimo tales como el flow o autorealización, conceptos más cercanos al campo humanista, copan los principales titulares de talleres, timelines del Twitter y programas de estudio universitario.  Este movimiento no está exento de un conjunto de observaciones y críticas, muchas de ellas validas, pero que podemos revisar en otro momento.

Más allá de las complejidades que rodean las concepciones teóricas y metodológicas de algunas de estas nuevas formas de hacer psicología, sin duda llama la atención como cada vez más, los psicólogos somos retados a abandonar ciertos espacios tradicionales como son el interior de un consultorio o los pasillos de un hospital, colegio y/o empresa para ocupar nuevos y retadores campos de trabajo, que nos exigen a su vez nuevas respuestas que amplifiquen las formas tradicionales de comprensión e intervención. La idea de poder trascender formas concebidas y establecidas, para generar en las personas (y en los psicólogos) alternativas espontáneas y creativas en sus vidas, formas de conocimiento a partir del encuentro con el otro y la acción, no sólo con la palabra, constituyen uno de los preceptos fundamentales del Psicodrama. 

Ya durante sus primeras elaboraciones, el fundador del Psicodrama Jacobo Levi Moreno asomaba esta idea. En un hipotético encuentro con el padre del psicoanálisis Sigmund Freud en 1912 mientras este dictaba una conferencia sobre sueños en Viena, le dice: “Bueno doctor Freud, yo comienzo donde usted deja las cosas. Usted ve a sus pacientes en el marco artificial de su consultorio. Yo los encuentro por la calle, en el hogar, en su ambiente natural. Ud. analiza sus sueños. Yo trato de darle valor a la gente para soñar nuevamente. Le enseño a la gente como jugar a Dios”

“La centella divina” es el término al que hacía referencia Moreno. Todos somos portadores de una capacidad creadora que nos da la posibilidad constante de enriquecimiento de nosotros mismos y nuestras relaciones. Muchas veces se considera un acto creativo a partir de su originalidad, pero otra característica importante que lo define es la adecuación de ese acto a su contexto. Para poder acceder a ese potencial, el trabajo psicodramático se caracteriza por generar condiciones que permitan dar espacio a la espontaneidad, que significa responder desde adentro, proviene de la palabra “sponte” que hace referencia a la “libre voluntad”.  Una vez que nos permitimos promover y desarrollar nuestra espontaneidad, es como darle aire al fuego, enciende nuestra capacidad para crear nuevas alternativas, nuevos discursos, nuevas formas de trato conmigo y con el otro.  

En estos tiempos de movimiento, retos y nuevos objetivos en la práctica de la psicología, el psicodrama constituye un marco teórico y metodológico que nos permite comprender y trabajar con las personas su potencial para desarrollar su espontaneidad y creatividad a partir del encuentro consigo mismo, el otro y su trascendencia. Su carácter dinámico y relacional, que involucra la participación, no sólo de la palabra, sino del cuerpo, movimiento y emoción en la acción, ofrece una metodología vivencial novedosa con una estructura que va más allá de las hoy en día populares dinámicas y juegos grupales (muchas de ellas con sus raíces en el Psicodrama y la Escuela Gestalt), más allá del modelo psicoterapéutico tradicional de atención individual y “cura” a través de la palabra, para convertirse en una forma de exploración y expansión de nuestro ser a través de la puesta en escena de nuestras vivencias, conflictos y/o sueños, con la finalidad de revitalizarlas, comprenderlas y transformarlas. Así lo define Moreno, en su expresión más clara acerca de lo que es el Psicodrama, “un método que sondea la verdad del alma a través de la acción”.

 

Carlos Larrañaga Mendoza.

Psicólogo Clínico y del Deporte. Psicodramatista de CALM Psicología.

@carloslarra 

 

 

 

 

 

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