¿Qué concepto tienes de ti mismo?

29 oct 2015

Photo credit: Carolina Tarré

La autoestima proviene de dos palabras, auto y estima. Auto que implica a uno mismo y estima que significa aprecio, aceptación. Por lo tanto, la autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos. Tiene que ver con cómo nos aceptamos, y cómo nos sentimos con lo que hacemos y pensamos. La autoestima de una persona no se forma de un día para el otro, es el fruto de las diversas circunstancias en las cuales el individuo ha desarrollado su vida.

 

El autoconcepto se forma a partir de dos fuentes principales: las relaciones sociales que cada persona mantiene con los demás de su entorno, y las consecuencias que su conducta tiene sobre el medio con el que interacciona. Cada persona recibe feedback (retroalimentación) de las acciones que realiza y esto le proporciona información, sobre sus capacidades y características, que utiliza para configurar su autoimagen.

 

Así pues, se puede identificar el autoconcepto como la totalidad de los pensamientos y sentimientos de un individuo (representación mental) que hacen referencia a sí mismo. Por su parte, la autoestima sería la dimensión evaluativa de esa representación; se presenta como la conclusión del proceso de autoevaluación de dicho autoconcepto. Por ejemplo, el autoconcepto sería la visión más objetiva de nosotros mismos como “mido 1,50m”, mientras que la autoestima sería la evaluación: “Creo que soy muy bajita, me gustaría ser más alta”. Cada persona tiene un concepto de sí mismo y después se valora en función de éste, lo que determina un “nivel concreto” de autoestima que refleja el grado de satisfacción personal del individuo consigo mismo.

 

La autoestima depende de la comparación que se hace del propio comportamiento con el patrón de conducta que se considera “ideal”. Éste es aprendido e impuesto por uno mismo y puede ser irrealmente elevado y/o inalcanzable. Esto se traduce en que la persona se encuentre constantemente por debajo de ese patrón, predisponiéndose a presentar un déficit de autoestima ya que la autoevaluación no sólo es negativa sino que también es disfuncional. Por tanto, una gran diferencia entre lo que se es y lo que se desea (o debería) ser, puede ser un factor de riesgo para el origen del déficit de autoestima. Es importante llevarlo al plano consciente y analizar qué diferencias hay entre mi  “yo ideal” y mi  “yo real” y plantearme cómo valoro y evalúo esa diferencia, ya que a veces podemos ser realmente duros con nosotros mismos, sobre todo a nivel de lenguaje interno, por no conseguir nuestro ideal perpetuando aún más nuestro déficit de autoestima (“Si es que fíjate, no llego, soy un fracasado”).

 

Nuestro lenguaje interno, sobre todo si es negativo, tiene un efecto muy potente sobre nuestra autoestima, así que si somos cautos con según qué cosas les decimos a los otros,  procuremos cuidar también cómo nos hablamos a nosotros mismos, nuestra autoestima lo agradecerá. 

 

 

 

Adriana Larrañaga Mendoza.

Psicóloga General Sanitaria de CALM Psicología.

@psicolarra psicolarra@gmail.com

 

 

 

 

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