¿Cómo ser compasivo conmigo mismo?

05 mar 2015

photo credit: Martin Gommel via photopin cc

Son muchas las tradiciones espirituales que profesan, cada una a su manera y con sus particularidades, los valores del amor, la compasión y el perdón. Estos son valores humanos básicos que son apreciados hasta por aquellos que no se definen como creyentes.

 

Uno de los valores que permite cultivar el amor y la autoestima es la compasión. Es una cualidad que la mayoría consideramos positiva y admirable, igual que el ser generoso, honesto, amable o simpático. De hecho, la compasión es una cualidad que no sólo se puede aplicar a los demás, sino que es muy útil y gratificante aplicársela a uno mismo. Enfocada a los demás la compasión se define como un sentimiento en el cual uno toma parte del sufrimiento del otro, o como una pena que uno siente ante la desgracia de otro. En cambio, la definición  varía si se hace desde la óptica interna y desde el crecimiento personal. Ser compasivos con nosotros mismos se traduce en entendernos y aceptarnos. En que si cometemos un error somos capaces de perdonarnos sin maltratarnos ni criticarnos. Que la opinión o imagen interna que tenemos de nosotros mismos es básicamente buena, a pesar de los errores, defectos o limitaciones. De esta manera, el hecho de ser compasivo con uno mismo depende de tres factores importantes: la comprensión, la aceptación y el perdón.

 

Así, el primer paso para conseguir ser más compasivos es practicar el arte de la comprensión. Supone escuchar atentamente y entender las ideas que se plantean dejando de lado los propios juicios de valor y la crítica. Pero no toda la comprensión resulta fácil, y menos si se trata de entender la naturaleza de nuestros problemas. Comprendernos, supone tener una idea de cómo hemos llegado a ser las personas que somos y los motivos que lo determinan.

 

El segundo paso, es la aceptación. Se trata de admitir unos hechos que son reales, sin aprobarlos ni desaprobarlos, dejando de lado lo que sentimos, creemos o cualquier crítica. Lo que puede ocurrir es que esos hechos, como por ejemplo “Soy alto y delgado”, no nos gusten (“tendría que ser más bajito”, “estoy en los huesos”), pero la idea fundamental es aceptarlos sin juicio de valor, sin recriminar y sin machacarnos.

 

El último paso es el perdón. Significa aceptar el pasado como ha pasado, comprender los motivos y reafirmar el respeto a uno mismo en el presente. Así, perdonar supone liberarnos sin necesidad de venganza. Esto implica la desaparición del sentimiento de deuda respecto a los hechos que ocurrieron en el pasado.

 

Poner en práctica la compasión puede resultar difícil e incluso doloroso en algún caso. Pero la propuesta es intentar relacionarnos con nosotros mismos y los otros de una manera más comprensiva, más tolerante y más solidaria, así ayudaremos a nuestra autoestima y aumentaremos nuestra sensación de bienestar psicológico. 

 

 

Adriana Larrañaga Mendoza.

Psicóloga General Sanitaria de CALM Psicología.

@psicolarra psicolarra@gmail.com

 

 

 

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